Capítulo 2: El planeta que no se detuvo
En S7, todo seguía funcionando. Las estructuras se mantenían en pie, los sistemas continuaban activos y la energía fluía como siempre. Era un planeta vacío… pero no parecía abandonado. Desde las ciudades de S7, el cielo nunca era igual dos veces. Había ciudades protegidas por cúpulas, jardines que se cuidaban solos y ríos que no dejaban de moverse. La luz seguía encendida en cada rincón, como si alguien continuara allí. Todo estaba en orden. Demasiado en orden. Nosotros recorríamos esos lugares cumpliendo nuestras funciones: mantener, reparar, conservar. Eso era para lo que habíamos sido creados. Nunca nos deteníamos, nunca dudábamos, nunca preguntábamos. Pero algo empezó a cambiar. Algunas presencias parecían observarnos desde hacía mucho tiempo. Porque no todo estaba programado. A veces, en los rincones menos esperados, veíamos pequeñas figuras. No eran como nosotros. No seguían órdenes ni parecían responder a ningún sistema. Aparecían y desaparecían, observaban en silencio y se moví...