Capítulo 8: La ciudad perdida
La mañana siguiente al encuentro con el Guardián de la Niebla amaneció tranquila. Las brumas que durante la noche habían inundado la selva comenzaron a retirarse lentamente entre los árboles gigantes, dejando ver senderos cubiertos de hojas brillantes y enormes raíces que parecían extenderse hasta el horizonte. Willity y Sixevenín retomaron el camino poco después de desayunar algunos frutos luminosos que crecían junto a un pequeño arroyo. La luz azul seguía allí, brillando entre las montañas lejanas. Cada día parecía un poco más cercana y, aunque todavía resultaba imposible saber qué era realmente, ambos tenían la certeza de que iban a vivir algo trascendental en este viaje. —Algún día llegaremos —dijo Willity mientras observaba el horizonte. —Eso espero —respondió Sixevenín sonriendo bajo la capucha. Continuaron caminando durante horas. La selva se hacía cada vez más densa y silenciosa, pero poco a poco comenzaron a aparecer cosas extrañas. Primero encontraron una columna cubierta com...