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​Capítulo 12: La rampa de las profundidades

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​El crujido de las paredes aproximándose resonaba en las pálidas piedras de la cámara secreta. Bloques de roca caían del techo levantando un polvo denso, y el margen de espacio para reaccionar se agotaba por segundos.  ​Entre la desesperación y el estruendo, Jazzi dio un paso al frente. Miró las enormes losas que amenazaban con aplastarlos y alzó su ramita de cristal. Cerró los ojos y, en lugar de gritar, dejó brotar de su garganta una melodía suave, limpia y asombrosamente dulce.  ​El cristal fucsia de su ramita comenzó a pulsar a un ritmo pausado. Era un canto directo al corazón de la piedra de S7. Asombrosamente, las paredes frenaron su avance con un chasquido metálico. La vibración no desapareció del todo, pero la compresión se detuvo. Jazzi no solo utilizaba su música para activar mecanismos; tenía el don de comunicarse con la materia viva y la estructura del planeta.  ​Apenas unos metros a la derecha del grabado del Nexo Azul, la resonancia de la canción de Jazzi pr...

Capítulo 11: Los pasadizos del olvido

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El eco de la gran losa moviéndose sobre sus cabezas retumbó en la oscuridad con un ruido atronador.  La apertura de la entrada les había cogido totalmente por sorpresa, pero con lo que no contaban es con que la enorme piedra fuera a deslizarse otra vez dejándolos atrapados en el interior de la pirámide. Durante unos instantes, el silencio fue absoluto. La intensa luz azul del exterior ya no estaba para guiarlos, pero afortunadamente para ellos la oscuridad no duró mucho.  ​—¡No os preocupéis! —exclamó la pequeña Yazzi con una chispa de emoción en su melodiosa voz.  ​Con un movimiento ágil, alzó su ramita de cristal. Al instante, sus hojitas comenzaron a emitir un fulgor rosa fucsia que bañó las paredes del pasadizo. A su lado, unas pequeñas luces laterales de un azul fosforescente parpadearon a lo largo de las escaleras, despertando como si hubieran estado esperando su llegada.  ​—El aire está limpio y el terreno es firme —dijo Ramsi, reajustando las correas de su en...

Capítulo 8: La ciudad perdida

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La mañana siguiente al encuentro con el Guardián de la Niebla amaneció tranquila. Las brumas que durante la noche habían inundado la selva comenzaron a retirarse lentamente entre los árboles gigantes, dejando ver senderos cubiertos de hojas brillantes y enormes raíces que parecían extenderse hasta el horizonte. Willity y Sixevenín retomaron el camino poco después de desayunar algunos frutos luminosos que crecían junto a un pequeño arroyo. La luz azul seguía allí, brillando entre las montañas lejanas. Cada día parecía un poco más cercana y, aunque todavía resultaba imposible saber qué era realmente, ambos tenían la certeza de que iban a vivir algo trascendental en este viaje. —Algún día llegaremos —dijo Willity mientras observaba el horizonte. —Eso espero —respondió Sixevenín sonriendo bajo la capucha. Continuaron caminando durante horas. La selva se hacía cada vez más densa y silenciosa, pero poco a poco comenzaron a aparecer cosas extrañas. Primero encontraron una columna cubierta com...