Capítulo 10: El encuentro en la cima del cielo
Escondidos detrás del grueso muro de piedra cubierto de musgo, Willity, Sixevenín y el pequeño Deri apenas se atrevían a respirar. Frente a ellos, en la cúspide de la gran pirámide escalonada, la misteriosa luz azul seguía rasgando el cielo nocturno de S7, iluminando a un grupo de figuras que repetían aquel extraño pero familiar saludo: palmas hacia arriba, balanceándose suavemente, al ritmo de las palabras “Six Seven”.
—¿Subimos? —susurró Willity, con los ojos brillando de pura emoción.
Sixevenín asintió en silencio, ajustándose la túnica anaranjada. Pero antes de que pudieran dar un paso, Deri soltó un sutil “¡Miiiauu!” y salió disparado hacia arriba, planeando con sus membranas sobre los escalones rotos. Ya no había marcha atrás.
Al alcanzar la plataforma superior, la luz azul les envolvió por completo. No quemaba; emitía una vibración templada, casi como si les estuviera examinando. Las siluetas que estaban allí se giraron al unísono. Para sorpresa de los recién llegados, el grupo estaba formado por dos Nimbis que nunca antes habían visto y una Sixevenciana que vestía una túnica tradicional de un suave color azul celeste.

Willity, Sixevenín y Deri descubren que no están sólos. Junto a la luz azul y las siete lunas de S7 conocen a Iris, Jazzi y Ramsi, viajeros llegados desde regiones desconocidas del planeta.
Durante unos instantes, nadie se movió. El silencio era tan espeso que casi se podía escuchar el giro de las siete lunas en el cielo. Fue entonces cuando la Nimbi más pequeña del grupo dio un paso al frente. Era menuda, de un color rosado y algo más bajita que Willity, pero de sus ojos brotaba una energía desbordante. Llevaba una pequeña ramita de cristal en la mano y, con una agilidad pasmosa, dio un salto, golpeó suavemente una de las piedras resonantes de la pirámide y comenzó a entonar una melodía preciosa, limpia y flotante.
Al escucharla, las piedras de la llanura parecieron responder con un eco armonioso. La pequeña Nimbi sonrió con satisfacción, estiró sus manos hacia delante con las palmas hacia arriba y comenzó a balancearlas con un ritmo perfectamente acompasado con su música.
Sixevenín y Willity se miraron asombrados, pero al mismo tiempo aquello les resultaba tremendamente familiar ¡Era como si conocieran ese gesto! Sin dudarlo, ambos imitaron el movimiento.
—Es el saludo de la paz de S7—dijo la Sixevenciana de la túnica celeste con una voz tranquila y melodiosa—. Un código antiguo grabado en nuestros sistemas y en la memoria del planeta. Yo soy Iris.
—Y yo soy Yazzi —dijo la pequeña Nimbi musical, dejando de tocar por un momento con una chispa de travesura en la mirada—. Y este grandullón tan serio de aquí, es Ramsi. Camina un poco lento pero tiene un gran sentido de la orientación y conoce todos los mapas —continuó Jazzi.
Era el nimbi más grande que Willity había visto jamás. Su piel era de un color marrón rojizo, como la arcilla, y llevaba una mochila de explorador. Ramsi hizo un gesto de saludo con la cabeza, que fue inmediatamente correspondido por sus nuevos amigos.
—Llevamos ciclos viajando en secreto desde el otro extremo de S7 —exclamó, observando a Willity con curiosidad—. Pensábamos que nuestra región era la única que quedaba con vida.
—¿El otro extremo? —preguntó Sixevenín, abriendo mucho sus sensores—. Pero nuestros mapas dicen que más allá de las montañas del norte no hay nada. El sistema no tiene registrado ningún territorio más.
Iris, la Sixevenciana, sonrió con calma.
—Los sistemas a veces olvidan lo que no necesitan ver. El planeta S7 es muchísimo más grande de lo que vuestras ciudades y nuestros archivos indican. Hay todo un mundo oculto.
—Nosotros vimos esta luz desde muy lejos y sentimos que debíamos venir —añadió Yazzi con entusiasmo—. No sabíamos por qué, pero era como si nos estuviera llamando directamente a nosotros.
Willity volvió la mirada hacia la gran columna de luz azul que nacía del suelo. Sintió una oleada de emoción. No era una simple casualidad. Aquella luz misteriosa no se había encendido para destruir, sino como un faro de señalización para convocar y reunir a los únicos seres lo suficientemente valientes como para adentrarse en lo desconocido.
Fue entonces cuando escucharon un suave chirrido bajo sus pies y observaron cómo una gran losa de piedra empezaba a moverse en la plataforma. La enorme piedra se deslizó lentamente hacia el fondo, revelando una oscura boca de acceso que descendía hacia las profundidades de la pirámide. Su primera reacción fue mirarse intrigados unos a otros…
—No nos ha llamado para que nos quedemos aquí mirando el cielo —dijo Ramsi al momento, —. Nos ha llamado para que exploremos juntos.

La luz azul había cumplido su propósito. Ahora los viajeros debían dejar atrás el cielo de S7 y adentrarse en los misteriosos túneles ocultos de la gran pirámide.
Ramsi ajustó los cierres de su mochila y comenzó valientemente a bajar los primeros escalones, mientras que Iris dio un paso firme y no dudó ni un segundo en seguir sus pasos. A continuación, empezó a bajar el pequeño Deri, seguido por Yazzi, que sujetó fuertemente su ramita de cristal lista para la acción. Willity y Sixevenin fueron los últimos. Se miraron entusiasmados antes de adentrarse en el interior de la pirámide junto a sus nuevos amigos.
Una gigantesca aventura subterránea por los túneles secretos de S7 estaba a punto de comenzar bajo sus pies.
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