Capítulo 7: El guardián de la niebla
Después de cruzar las grietas móviles de las montañas del norte, Willity y Sixevenín continuaron avanzando hacia la extraña luz azul que aparecía cada noche entre las nieblas lejanas de S7.
Ahora parecía más cercana.
No mucho.
Pero sí lo suficiente como para que ambos sintieran que realmente podían llegar hasta ella algún día.
Las montañas comenzaron a cambiar poco a poco.
Los senderos de roca desnuda desaparecieron bajo enormes raíces cubiertas de musgo y la niebla descendió lentamente hasta envolver casi todo el paisaje. Grandes árboles de troncos retorcidos crecían entre las laderas y algunas plantas luminosas se abrían paso entre las sombras como pequeñas estrellas verdes.
Ya no quedaban puentes suspendidos ni plataformas antiguas.
Aquella zona parecía mucho más salvaje.
Y también mucho más antigua.
Otras veces podían oír rugidos lejanos que hacían vibrar el suelo bajo sus pies.
Aunque ninguno de los dos lo decía en voz alta, ambos sabían que ya estaban muy lejos de las ciudades de S7.
Mientras caminaban junto a un pequeño río cubierto por bruma azulada, Willity levantó de pronto la vista hacia las estrellas.
—A veces sueño con otro planeta —dijo en voz baja.
Sixevenín giró ligeramente la cabeza hacia él.
Willity permaneció unos segundos en silencio antes de continuar.
—Es un planeta azul… lleno de océanos… y de criaturas distintas a las de S7. A veces puedo verlo muy claramente cuando miro las estrellas.
La niebla se movía lentamente entre los árboles gigantes.
—¿Y si ese planeta existe de verdad? —preguntó Sixevenín.
Willity no respondió enseguida.
Simplemente observó durante unos instantes la pequeña luz azul que brillaba a lo lejos entre las montañas.
—Creo que sí existe.
Continuaron avanzando mientras recogían pequeños frutos luminosos que crecían junto a las raíces de algunos árboles enormes.
Fue entonces cuando Willity observó algo que llevaba tiempo preguntándose.
—¿Por qué lleváis esas túnicas?
Sixevenín bajó lentamente la mirada hacia su capa anaranjada.
—Pertenecieron a los antiguos habitantes de S7.
El viento recorrió suavemente las hojas gigantes de la selva.
—Los primeros seres que vivieron aquí dejaron muchas cosas atrás cuando desaparecieron. Las ciudades… las máquinas… los jardines elevados… y también sus ropas.
Willity escuchaba atentamente.
—Muchos sixevencianos seguimos utilizándolas para recordarlos.
Durante unos segundos ambos permanecieron en silencio.
La niebla era cada vez más espesa.
Entonces ocurrió.
Un rugido gigantesco atravesó toda la selva.
Las ramas comenzaron a sacudirse violentamente y algo enorme se movió entre los árboles.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Sixevenín retrocedió sobresaltado mientras Willity observaba las sombras gigantescas que avanzaban entre la niebla.
El suelo temblaba.
Otro rugido resonó entre las montañas bajas.
Y entonces apareció.
La criatura era enorme.
Mucho más grande de lo que ambos habían imaginado cuando escucharon aquellos sonidos bajo las grietas móviles.
Su cuerpo parecía formado por roca, raíces y placas oscuras cubiertas de musgo brillante. Cuatro enormes patas avanzaban pesadamente sobre el barro mientras sus ojos iluminaban la niebla con reflejos azulados.
Willity y Sixevenín echaron a correr inmediatamente.
Atravesaron raíces gigantes, pequeños barrancos y árboles caídos mientras la criatura avanzaba detrás de ellos rompiendo ramas enormes a su paso.
Sixevenín estuvo a punto de resbalar varias veces sobre el barro húmedo, pero Willity siempre encontraba rápidamente algún lugar seguro por donde continuar.
El rugido volvió a escucharse.
Cada vez más cerca.
De pronto, Willity se detuvo.
Frente a ellos, parcialmente oculta entre la niebla, una pequeña cría de aquella criatura intentaba mantenerse sobre una roca estrecha junto al borde de una profunda grieta cubierta por raíces húmedas.
La piedra comenzaba a romperse lentamente bajo sus patas.
Entonces ambos lo comprendieron.
La criatura no los perseguía.
Intentaba llegar hasta su cría.
Sin pensarlo demasiado, Willity saltó rápidamente entre las raíces mientras Sixevenín sujetaba una larga liana que colgaba de uno de los árboles cercanos.
La pequeña criatura resbaló justo en ese momento.
Pero Willity consiguió sujetarla antes de que cayera al vacío.
Durante unos segundos, Sixevenín tiró con todas sus fuerzas desde el borde mientras la enorme criatura observaba la escena inmóvil entre la niebla.
Finalmente lograron subir a la pequeña cría hasta terreno seguro.
El silencio regresó lentamente a la selva.
La gigantesca criatura se acercó despacio hacia ellos.
Sixevenín apenas podía moverse.
Pero la bestia no rugió.
Simplemente inclinó lentamente la cabeza hacia ambos en lo que parecía ser un gesto de agradecimiento y ternura, antes de aproximarse y reunirse con su cría.
Después, desaparecieron ambas entre la niebla de las montañas bajas sin hacer el menor ruido.
Willity y Sixevenín permanecieron un rato sentados junto a las raíces gigantes del bosque, intentando recuperar el aliento.
A lo lejos, la luz azul seguía brillando entre las montañas.
Ahora parecía mucho más cercana que antes.
Y, desde que habían comenzado el viaje, ninguno de los dos podía evitar pensar que algo importante los esperaba al final del camino.



Martín ¿desde cuando Willity conoce el planeta Tierra? A ver cómo es el capítulo 8. Tengo unas ganas 😁😁😁
ResponderEliminarDe momento, según leemos en la historia, parece ser una mezcla de un sueño con un presentimiento, como si algo le vinculase con un planeta que "podría ser la Tierra"... Vosotros jugáis con ventaja, porque sabéis que tarde o temprano va a venir por aquí 😉 No te olvides de que lo que estáis leyendo es el pasado 🤔 Me alegro de que estés disfrutando la historia 😊
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