Capítulo 16: El laberinto del Nexo Azul

​Después de una reconfortante noche de descanso y tras retomar la marcha bajo la tibia luz de la mañana siguiente, el grupo completó una larga jornada de caminata atravesando los paisajes cambiantes de S7. Fue al atardecer cuando la expedición alcanzó finalmente las primeras estructuras de la ciudad perdida. Ante ellos, los restos de la antigua urbe emergían de la tierra como gigantes dormidos: muros de piedra tallada, columnas abrazadas por raíces luminosas y arcos a medio derruir que marcaban viejos caminos ya olvidados.

Frente a la Ciudad Perdida
La ciudad perdida vuelve a aparecer ante los viajeros.

​En lo alto del firmamento, el sol más bajo de S7 ya se ocultaba tras el perfil de las montañas mientras las tres primeras lunas se mostraban prácticamente alineadas, proyectando una luz plateada y uniforme que dibujaba sombras triples sobre el suelo.

​Sixevenín se detuvo ante la embocadura de una antigua edificación semihundida en el terreno. Sus ojos brillaron suavemente mientras cotejaba las coordenadas de sus archivos con la arquitectura que los rodeaba.

​—Es aquí —afirmó Sixevenín, señalando un pasadizo inclinado que se adentraba en las profundidades—. Las lecturas coinciden exactamente con la estructura en la que nos perdimos la otra vez. Los grabados de la fachada y la disposición de los bloques tienen el mismo patrón constructivo que la gran pirámide.

​—Y huele igual que la otra vez —comentó Willity con sus grandes ojos oscuros de par en par, mientras examinaba la entrada—. A tierra antigua y a energía dormida.

​Deri no esperó a que el grupo tomara una decisión. Dio un pequeño salto, desplegó sus membranas azuladas y se adentró ágilmente por la garganta de piedra.

​—¡Espera, Deri! —exclamó Jazzi, alzando su ramita de cristal, que al instante comenzó a emitir un cálido resplandor fucsia para alumbrar el camino.

​Ramsi se adelantó como era habitual en esas situaciones y tomó la delantera junto a Iris, mientras el grupo se adentraba en el laberinto subterráneo. Al principio, las galerías resultaban familiares para Willity y Sixevenín, pero pronto la red de túneles empezó a bifurcarse en pasajes que en su anterior incursión no habían podido explorar.

​A medida que avanzaban, los caminantes notaron que las paredes de este complejo no eran de piedra corriente. En los muros había incrustaciones de cuarzo y símbolos lineales grabados que resonaban levemente ante la presencia de la luz emitida por el cristal de Jazzi.

​—Mirad estos frescos —dijo Iris, rozando con sus alargadas mangas la superficie de una de las paredes de una gran sala circular por la que cruzaban—. No son simples adornos. Representan la red energética del planeta. Veis cómo todas estas líneas convergen en dos puntos distintos... Uno era la gran pirámide del norte y el otro... el lugar hacia el que nos dirigimos.

​—Es increíble que todo esto haya estado aquí abajo, en silencio, durante ciclos enteros —susurró Willity mientras sorteaban una pequeña hondonada cubierta de cristales relucientes—. Si el Nexo de la pirámide servía para conectar con otros mundos, ¿pensáis que este segundo portal estará aún activo?

​—El Sabio Orom dijo que las tres primeras lunas despertarían la cámara secundaria —recordó Ramsi con su tono grave y pausado, mientras usaba una herramienta para comprobar la firmeza de un suelo algo inestable—. Y si algo he aprendido de este planeta, es que las historias antiguas rara vez se equivocan.

​A pesar de las indicaciones de Sixevenín, la complejidad de las galerías subterráneas no tardó en hacer de las suyas. Llegaron a un cruce con cuatro galerías idénticas, donde las corrientes de aire giraban en círculos produciendo un sutil silbido.

​—Vaya... creo que este pasillo ya lo hemos pasado antes —admitió Sixevenín, deteniéndose y haciendo parpadear sus sensores de orientación—. Las paredes son idénticas y el patrón rúnico se repite. Nos hemos vuelto a liar con los túneles.

​—No pasa nada —sonrió Jazzi con el optimismo y alegría que le caracterizaba—. Si os perdisteis la otra vez y conseguisteis salir con la ayuda de Deri, hoy que además contamos con mi música lo tenemos aún más fácil.

​En ese momento, el felino planeador reapareció desde la galería situada más a la izquierda, emitiendo un alegre "¡Miiiauu!" y agitó la cola invitándoles a seguirle. Tal y como ocurrió en su primer encuentro en la ciudad perdida, Deri se convirtió en el guía perfecto, avanzando con seguridad por los corredores que presentaban una inclinación descendente más pronunciada.

​Al dejar atrás el laberinto de giros, el pasillo desembocó en un corredor monumental. A diferencia de las trampas agresivas de la gran pirámide, este espacio transmitía una solemnidad serena. Las paredes estaban flanqueadas por grandes relieves que mostraban estrellas, constelaciones desconocidas y dos discos colosales conectados por un haz de luz fluida.

​—Esta arquitectura... —murmuró Sixevenín en voz alta, observando la textura del metal antiguo que revestía los marcos del corredor—. Es idéntica a la de la cámara que vimos en la pirámide antes de que el suelo cediera, con los mismos grabados y la misma tecnología.

​El aire en la galería comenzó a volverse cada vez más denso, impregnado de una vibración electromagnética que hacía erizar las orejas de los Nimbis y encendía reflejos azulados en las túnicas de los Sixevencianos.

​Al fondo del pasillo, el espacio se abría en una bóveda imponente.

​El grupo avanzó despacio, reduciendo el ritmo de sus pasos hasta detenerse por completo al llegar al centro de la estancia.

​Frente a ellos, adosada a la pared principal de la cámara, se alzaba una estructura colosal de forma circular. Era un enorme marco de aleación oscura y pulida, idéntico al que habían contemplado fugazmente en la cámara secreta de la pirámide: la puerta estelar del Nexo Azul.

Ante la puerta estelar
Ante ellos se alzaba la puerta estelar del Nexo Azul.

​Sin embargo, a diferencia del resto del complejo, este portal no estaba completamente apagado. En el dintel superior y a lo largo de su contorno interior, una doble inscripción refulgía con un tono azul zafiro pulsante.

​Por un lado, destacaban elegantes bajorrelieves tallados en la piedra: figuras estilizadas de perfil, aves de largas alas, soles con rayos geométricos, ojos vigilantes y vasos sagrados, esculpidos con un trazo que bien podría corresponderse con representaciones de templos de otros mundos lejanos. Justo a su lado, entrelazados con los grabados pictóricos, brillaban unos caracteres trazados con líneas sobrias y pulcro rigor geométrico, que cambiaban continuamente y hacían difícil su lectura.

​Sixevenín dio un paso al frente y sus sensores enfocaron con precisión los símbolos geométricos luminosos, que no paraban de variar. 

​—Mirad... —dijo Sixevenín, haciendo una pausa de reconocimiento mientras contrastaba la lectura con sus bancos de memoria—. Es el mismo idioma en el que estaba escrita la lápida de Deri, aquélla que revelaba sus anteriores viajes. Tanto él como Iris, eran capaces de captar los símbolos adecuados que daban forma al mensaje oculto. 

​—Y estas figuras... —añadió Iris, señalando con delicadeza los grabados pictóricos que flanqueaban el texto—. Parecen un complemento visual, una versión en jeroglíficos para transmitir el mismo significado. Ambos lenguajes parecen ser copartícipes del mensaje; se traducen y apoyan mutuamente.

​—Al estar escrito en este código, podré descifrarlo sin problemas —aseguró Sixevenín, mientras los trazos azules proyectaban sus destellos en sus visores—. Las instrucciones para activar y atravesar el Nexo Azul están perfectamente claras ante nosotros.

​Deri se sentó en el suelo, mirando fijamente la luz de la doble inscripción con sus grandes ojos oscuros, mientras Jazzi sostenía su ramita de cristal, cuya luz armonizaba con el resplandor azul del marco.

​Todos mantuvieron el aliento en absoluto silencio, fijos los ojos en los jeroglíficos y en los caracteres relucientes de la puerta estelar, preparados para escuchar la lectura de las instrucciones que cambiarían el destino de su viaje...

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Proyecto creado por Martín Vicente Lozano / El Arte de ser Maestro.

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