Capítulo 14: El legado de los orígenes

Tras el pacífico alejamiento del Guardián de la Niebla y su cría, el aire en la aldea de la catarata recobraba lentamente su calma. Los pobladores, todavía asombrados por lo que acababan de presenciar, salían con cautela de las estructuras ovaladas de los árboles. Los guerreros habían guardado sus lanzas de luz y miraban con absoluta admiración a Willity, Sixevenín y a todo el grupo.

​El Sabio Orom condujo a los exploradores al interior de su gran estancia circular. El lugar olía a resina fresca y a tierra húmeda, y sus paredes estaban decoradas con cortezas talladas a mano que contaban historias de épocas pasadas.

​Una vez que todos tomaron asiento sobre mantas de fibra brillante, la mirada de Orom se posó de inmediato en la criatura que descansaba acurrucada junto a Willity. El anciano entornó los ojos, sorprendido, y se inclinó lentamente hacia adelante.

​—Por las fuentes puras de S7... —murmuró Orom con voz llena de reverencia—. Hacía muchas eras que mis ojos no contemplaban una silueta como esta.

​Willity acarició el lomo de su compañero, cuyas escamas luminosas emitían un suave ronroneo.

​—Es Deri —dijo el pequeño Nimbi con orgullo—. Ha estado con nosotros desde que le encontramos en la selva y decidió seguirnos. Bueno, más bien nos encontró él, como si nos estuviera eligiendo como compañeros de viaje. Decidimos llamarlo así después de localizar una extraña lápida en la Llanura de los Ecos. Había una imagen grabada con un animal parecido a él y una inscripción que, según me dijo Sixevenín, estaba escrita en una de las primeras lenguas de los antiguos Sixevencianos. De acuerdo al grabado, aquel misterioso animal se llamaba Deri.

​—Vuestro Deri no es solo un compañero de viaje, pequeño Willity —explicó el Sabio, sin apartar la vista de la criatura—. En los anales más antiguos de nuestro planeta se habla de los seres de los que evolucionó vuestro amigo.

El sabio y Deri
El Sabio Orom reconoce en Deri el legado de una antigua estirpe vinculada al Nexo Azul.

En aquellos tiempos lejanos se les conocía simplemente como gatos.

​—¿Gatos? —preguntó Iris, arqueando una ceja con curiosidad—. ¿Así se llamaban?

​—Así es —asintió Orom—. Se dice que un gran antepasado de su linaje fue legendario por cruzar dos veces la brecha del Nexo Azul entre las estrellas. Y, efectivamente, se llamaba Deri. Para la mitología de S7, su especie es símbolo de protección y de viajes a través de mundos donde el tiempo y el espacio no se miden de la misma forma que aquí. Que Deri camine hoy entre vosotros no es ninguna casualidad.

​Deri levantó la cabeza y dejó escapar un claro "¡Miiiauu!", frotando su hociquito contra la mano de Willity, como si comprendiera perfectamente cada palabra del anciano.

​Sixevenín, impresionado por el hallazgo, dio un paso al frente para retomar el motivo de su visita.

​—Sabio Orom, buscamos una vía para volver a ponernos en contacto con el Nexo Azul. Las trampas de la gran pirámide sellaron la entrada principal por la que llegamos.

​El anciano caminó hacia una de las paredes de la estancia y desplegó una fina corteza con marcas luminosas.

​—El interior de la gran pirámide no es la única estructura conectada con el Nexo —reveló Orom—. Más allá de la Llanura de los Ecos, donde se alzan las ruinas de la antigua ciudad, existen numerosas edificaciones enterradas por el tiempo.

​Sixevenín entornó levemente los ojos mientras las luces de sus circuitos parpadeaban en un tono azul verdoso. Como sixevenciano, su núcleo de procesamiento almacenaba cada detalle visual y geográfico registrado desde su despertar.

​—Es verdad... —intervino Sixevenín—. Antes de que nos encontráramos con el resto del grupo, Willity, Deri y yo nos adentramos en una de esas ruinas tras cruzar la llanura. Recuerdo haber recorrido varios pasillos subterráneos y ver muchas otras estructuras a medio enterrar a nuestro alrededor. Por un tiempo creímos que nos habíamos perdido en el laberinto de túneles donde entramos, pero Deri parecía conocer bien aquellos pasadizos. Tengo las coordenadas exactas de aquella zona guardadas en mi memoria.

​—Efectivamente —asintió el Sabio Orom—. Toda esa zona era un gran centro de energía. En una de esas estructuras se oculta una cámara secundaria del Nexo Azul. Los antiguos la diseñaron como una vía alternativa en caso de que la pirámide central quedara bloqueada.

​Ramsi, escuchando con atención el informe geográfico de Sixevenín, desplegó la proyección del mapa del territorio.

​—Si Sixevenín conserva la ruta exacta hasta ese sector de ruinas, puedo trazar el camino más seguro para guiar al grupo hasta allí a través de la selva —añadió el rastreador.

​—Así será —dijo Orom con solemnidad—. Pero debéis tener cautela. Para que la puerta de esa estructura se active, debéis esperar a que las tres primeras lunas de S7 se alineen en el cielo nocturno sobre las ruinas.

​—¡Las tres lunas! —exclamó Jazzi con entusiasmo, haciendo girar su ramita de cristal, que emitió un tenue destello rosa—. ¡Eso ocurrirá en muy pocos ciclos!

​Willity contempló a Deri, sintiendo un renovado impulso en su corazón. Saber que su pequeño amigo formaba parte de la historia ancestral de S7 le daba una extraña certeza: la aventura que los aguardaba al regresar a las estructuras de la Llanura de los Ecos los acercaría, más que nunca, a comprender el misterio que unía su hogar con las estrellas.

​La noche caía sobre la aldea de la catarata, y en el firmamento las primeras lunas comenzaban a brillar, marcando el camino de vuelta hacia la ciudad perdida...

Las tres lunas sobre la aldea
Las tres lunas de S7 comenzaban a iluminar el camino hacia la ciudad perdida.

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Proyecto creado por Martín Vicente Lozano / El Arte de ser Maestro.

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